"Se quedo mirando al cielo azul.
Era el día antes de Navidad y en aquella ciudad hacia un frío que te podía cortar los pómulos de la cara como la hoja de una cuchilla de afeitar.
En la calle, el bullicio de la ciudad se incrementaba por momentos. Ruidos de motores de automóviles, gente gritando, sirenas sonando... Entre todos formaba una estruendosa sinfonía de sonidos que eran parte de aquel día.
Él se había quedado extasiado mirando aquel cielo azul, parecía como si sus ojos se hubiesen vidriado al contacto con aquel color.
La calle estaba toda adornada con motivos navideños, aun no encendidos, esperando la caída de la noche para poder resaltar como si fuesen luciérnagas en una noche de verano.
Pero él no se daba cuenta de todo aquello, aquel cielo azul, lo había dejado hipnotizado, sin poder hablar. En su mente pensó que hacia siglos que no veía un cielo azul como aquel, con aquel color, tan puro y tan limpio, solo salpicado por algunas nubes de blanco algodón.
Hacía mucho tiempo que el cielo de aquella ciudad solo era gris... una ciudad gris con gente gris, pensaba.
La ciudad seguía su histérico ritmo, un ritmo helado por el frío que hacía. Él siempre se había quejado de que nunca nevaba en aquella ciudad. Y el murmullo era cada vez mas intenso.
Aun así, él no le prestaba la menor atención a lo que pasaba a su alrededor, era como si estuviese encerrado en una campana de cristal, ajeno al mundo, mientras seguía mirando aquel cielo azul.... su cielo azul.
De pronto se sorprendió recordando su niñez, el olor de la Navidad cuando era niño, los regalos, los dulces y miles de sensaciones olvidadas que venían a su cabeza.
Siguió recordando, y en su mente el tiempo pasaba vertiginosamente, tardes de verano a la orilla de un estanque, pactos de sangre hechos con amigos, aquellos amigos que solo se tienen cuando uno es pequeño.
Su mente lo llevo a su primera cita en un cine de verano y noto aquellas mismas mariposas en el estomago de aquel día cuando aquella chica le cogió la mano.
Besos robados a la luz de la luna, y los ojos brillantes de su primer amor y sintió como su corazón latía de una forma que hacía mucho que no notaba.
Cada recuerdo le trasladaba en el tiempo a pasos agigantados y recordó aquélla primera vez en la que hizo el amor con miedo, pero con pasión y con toda la ternura del mundo.
Pensó que era muy extraño el hecho de que únicamente podía recordar las cosas maravillosas que le habían sucedido en la vida y por mas que lo intentaba no conseguía recordar aquellas tristes y amargas.
Todos aquellos recuerdos iban acompañados de aromas y sentimientos reales, podía notar el sabor en su boca de todos aquellos momentos... pero había un sabor constante, extraño y familiar que no alcanzaba a recordar de que era.
El murmullo y el griterío de la gente seguía flotando a su alrededor, pero él no quería oírlo, estaba mas cómodo mirando a aquel cielo azul y recordando y... aquel sabor en su boca, ¿que era? se preguntaba una y otra vez.
Entonces de repente, le vino a la cabeza el recuerdo de aquella misma mañana. Había ido a comprar algunos regalos de Navidad para viejos amigos que estaban lejos de casa, cuando vio en el escaparte de aquella antigua librería una edición especial del "El Cuervo" de Edgar Allan Poe, y pensó que sería su regalo de Navidad.
Recordó como la chica lo envolvía para regalo cuidadosamente y se vio saliendo de aquella tienda, mientras el sabor de su boca se hacía cada vez mas intenso y un cierto temor empezaba a invadirle.
Notó como se inquietaba mientras se recordaba cruzando aquella calle... y de repente, aquel ruido de frenos y el sonido de un golpe seco....
¡¡Sangre!! pensó aterrado, el sabor era sangre.
Era el día antes de Navidad y el yacía boca arriba sobre el asfalto que se teñía lentamente por un charco color escarlata. Mientras la gente se agolpaba para ver el accidente, la policía mantenía un cordón de seguridad.
Sus ojos estaban muy abiertos y podía oír a la chica de la ambulancia decirle.
- Vamos aguante, no me haga esto, hoy no, por favor.
- Uno, dos, tres y noto un golpe seco en su pecho.
Noto como su nuca estaba mojada, y de repente un dolor indescriptible invadió todo su cuerpo. Era como si todos sus huesos estuviesen astillados, como un árbol roto por un rayo. Aquel dolor era insoportable.
Su mente grito en un alarido tal que si hubiese salido por su boca se hubiese escuchado en varios kilómetros a la redonda. Y entonces pidió por favor que aquel dolor cesara.
En su interior lloraba y suplicaba, pero de sus ojos no salía ni una sola lágrima. Y de repente aquel dolor empezó a desvanecerse lentamente y notó como su cuerpo era liberado de aquella tortura mientras daba gracias por ello.
Cada vez sentía mas lejos la voz de la chica de la ambulancia y se dio cuenta de que un frío intenso se iba apoderando de él, un frío que en cierto modo le resultó agradable, un frío que le hacia flotar, mientras aquel cielo azul que tanto le había maravillado comenzaba a oscurecerse mas y mas y cada vez mas oscuro....
Era el día antes de Navidad y comenzaba a anochecer en aquella ciudad. Se podía oír a las familias cantando en sus hogares. En la calle un viento helado arrastraba por la acera la hoja arrugada y con manchas de color carmesí de un libro de Poe, mientras en la esquina, un borracho vestido de Santa Claus gritaba con voz quebrada ¡¡Feliz Navidad y paz en la tierra a todos!! Y de repente.... empezó a nevar...
FIN