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4月14日 EL EXPERIMENTO PARTE IV Y ÚLTIMA![]() Teresa se levanta al día siguiente. No está demasiado alegre, pero hay que sobreponerse. Además, tiene que hacer un millón de cosas. Se viste y va a ver a la portera.
Hay que darse de nuevo de alta en Telefónica. Por suerte, agua y luz continuaban con el mínimo y estaban listas por si se alquilaba la casa. Otro asunto, quitar el cartel de se alquila.
Y como no, la portera. Es cotilla como ella sola.
Mas Teresa no está por la labor. Se larga enseguida sin dar ningún tipo de explicación. No tiene por qué hacerlo.
Va a la Telefónica. Allí habla con una señorita no muy amable que le da instrucciones sobre como darse de alta de nuevo. Sale a la calle y se dirige a una cabina, tiene que hablar con bastante gente: Inma, su madre, su hermana...
Pero no puede. Le es imposible.
Mamá llamará a la abuela. La abuela a los tíos. Los tíos a los primos.
Y todos la llamarán a ella para decirle pobrecita.
Papá también se enterará y él llamará a la otra abuela.
La otra abuela a sus otros tíos. Sus otros tíos a sus otros primos.
Y todos la llamarán a ella para decirle pobrecita.
Su hermana se lo dirá a sus amigos. Le dirán que le diga pobrecita.
¿Y qué tiene ella de pobrecita?
Inma la recriminará por impulsiva. Dirá pobrecita y le preguntará por qué no se ha sentado tranquilamente a dialogar con él.
Dialogar con él. ¿Y por qué no? Llamarle.
- Eh, oiga. ¿Va a quedarse a vivir dentro de la cabina? Si es así, déjeme entrar en su casa a hacer una llamadita.
Teresa cuelga el auricular con el que jugueteaba en las manos y sale de la cabina. Directamente pasa de aquel hombre. Mira el reloj y decide irse a hacer la compra. En momentos como éste detesta haberse deshecho del Clío azul que le regalaron sus padres. Lo vendió cuando Jesús le compró el Alfa-Romeo, un coche muy bonito pero, como Eliza Doolitle en “My Fair Lady”, no ha querido llevarse nada que no le perteneciera, para que luego no la acusen de robar nada.
Entra en el supermercado y empieza a pasear entre las estanterías y a meter las cosas en el carro como si fuera un autómata. Todo lo necesario para empezar de cero (nunca mejor dicho). Mentalmente repasa una imaginaria lista de cosas por comprar y por hacer. Comprar el “Mercado de Trabajo”. Y el “Segunda Mano”.
Y llamar a Inma. ¿Le ha influido el hecho de que es abogado?
Teresa se va a comer a casa de su madre y, cuando ésta abre la puerta, dice:
- No digas nada. Jesús ha llamado seis veces.
Teresa se echa a llorar y acaba abrazada a Ana diciendo:
- No aguanté, mamá. Todo pudo conmigo.
Y le cuenta. Ella tenía tantos sueños cuando aun no se había casado y los deseaba tanto, que juró hacerlos realidad por encima de todo. Pero su matrimonio se lo negaba, de modo que, cuando se dio cuenta de lo que quería y él le dijo que eran tonterías, decidió escapar de todos los convencionalismos y mentiras ridículas del papel que le habían impuesto Regina y toda la familia y los amigos de Jesús. No quería ser la mujer de Jesús, quería ser ella. No un falso monigote. Cada vez que se lo intentaba decir, él la disuadía. Hasta que un día se hartó. La pasividad de él ante ella pudo más que todo su amor por él.
La comida transcurre en silencio. Y los demás días también.
A la semana siguiente, Jesús recibe una citación del Juzgado acerca de una demanda de separación. Lleva toda la semana llamando a todos los que puedan tener algo que ver con ella. Pero todos le dicen que no saben nada. La citación solo consigue volverle más loco aun si cabe, así que él tampoco puede aguantarlo más.
Habla con su (repugnante, asquerosa, vomitiva, entrometida, insoportable) madre y todo estalla cuando esa vieja arpía le contesta:
- Hijo, esa chica no te convenía. No era de los nuestros.
¿De los nuestros? ¿Y quienes somos nosotros? Y qué soy yo realmente.
Un estúpido que ha dejado escapar lo que más quería en este mundo.
Vaya, vaya. Por fin este conato de hombre se da cuenta de todo.
De lo que ha hecho. De lo que está haciendo. De lo que ha de hacer.
En la calle cae un enorme chaparrón y en el reloj del salón del apartamento de Teresa suena la séptima campanada. Son las siete en punto de una lluviosa tarde. Teresa está sentada en el sofá leyendo “La Mansión”. Ahora trabaja como dependienta en una juguetería y en junio volverá a la universidad.
Parece que todo pasó hace un siglo, pero solamente hace una semana que ha estrenado su nueva vida.
Sumergida en su lectura trata de no pensar en todo lo que le ha ocurrido, pero es a su futuro ex-marido y no a Anthony Hopkins al que ve como a Henry Wilcox y es a ella y no a Emma Thompson a la que ve como Margaret Sheguell.
Todo en el cuarto vuelve a aparecer como antes, Quizás por la melancolía que inunda a Teresa y que le hace añorar todos aquellos momentos de paz de los viejos tiempos.
Nunca debió permitir que los destrozavidas contemplativas acabaran con esa paz. Ahora hay que tratar de recuperarla con paciencia. Recuperar lo que se pierde y no parece tener importancia pero que un día te levantas y te preguntas dónde está.
De pronto... Ding, dong truena el timbre. Teresa se levanta sin demasiados ánimos de abrir. ¿Quién demonios la interrumpe ahora? Será Inma para ver como anda. Abre la puerta y... No es Inma.
Jesús aparece calado hasta los huesos con el paraguas en una mano y la correa de Golfo en la otra. Sonríe tiernamente y dice:
- Alguien me dio tu dirección y me dijo que podrías cuidarme el perro este fin de semana. Yo...
Pero no puede seguir hablando. Tiene un nudo en la garganta y los ojos se le llenan de lágrimas que, en cascada, comienzan a deslizarse por sus mejillas. Teresa permanece petrificada ante la puerta. No puede olvidar que fue de esa misma forma como le conoció y siente una punzada en el corazón. Ella también tiene ganas de llorar y ha de sujetarse para no salir corriendo a sus brazos. No sabe que hacer, que decir. Igual que él. Los dos sienten deseos de huir, de salir corriendo. Pero él no lo hace. Se sobrepone y es capaz de hablar. Le dice que la quiere y que no puede vivir sin ella, que siente haber jugado con sus sueños y le promete que no lo volverá a hacer jamás, que la ayudará en todo lo que pueda para que ella alcance esos sueños porque para él, ella es ahora lo primero en su vida. Que ya no le importarán todas esas normas impuestas por Regina, y que dejará de ser un niño de mamá.
Teresa ya no puede más. Suelta la puerta y se abraza a Jesús. Él suelta el paraguas y el perro y la sujeta con fuerza, apoya su húmeda mejilla contra la frente de ella y trata de calmarla.
- Sssst. Tranquila. Te juro que no te volveré a dejar marchar.
Mientras Golfo sale disparado y se tumba en el sofá.
Al día siguiente van a ver a Inma para detener los trámites de separación legal y media hora más tarde Regina sufre un fingido ataque del que nadie hace caso.
En septiembre ella es aceptada en la UNED y ahora es bogado. Ya tienen una precisa parejita sobre los que yo me pregunto si serán destroza o amantes de la vida contemplativa.
Al final de mi experimento o proceso especulativo sobre la naturaleza humana solo saco una cosa en claro. Que tal vez el amor sea más fuerte de lo que parece, que puede con todo.
Son las nueve de la noche y recojo las cosas. Apago el ordenador. Tiro la lata de Coca-Cola a la papelera y me pongo el albornoz. Es hora de irse a la ducha.
FIN
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