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14 abril EL EXPERIMENTO PARTE I![]()
El día está bastante gris y el calor hace que hasta estar tranquilamente sentada en el sofá sea insoportable.
En mi mesa hay un montón de papeles y una lata de no muy fría Coca-Cola. El calor es pegajoso y yo me debato entre abrir la ventana o comenzar a darle ris ras al abanico. Finalmente opto por abrir la ventana, beber un sorbo de Coca-Cola y me preparo para combatir algo que comúnmente suele recibir el nombre de aburrimiento. Para ello en tardes como estas, no se me ocurre otra cosa mejor que sentarme delante del ordenador a divagar entre los amplios océanos de la cruel existencia humana.
La cruel existencia humana. Eso que vulgarmente recibe el nombre de vida, eso que hace toda persona desde que se levanta hasta que le llega la hora de irse a la cama. Vivir.
Yo normalmente suelo malgastar la mía dedicándome a llenar un millón de folios en blanco gracias a un pequeño instrumento que se llama imaginación. Simplemente con esa cosa tan pequeña que está dentro de todas las cabezas de todos los seres humanos.
Pero, ¿qué es realmente la imaginación? Pues simplemente eso que acude en tu ayuda en momentos en los que, como éste, una está tan aburrida como un grupo de ostras nativas de las islas Fidji.
Así pues una se dedica simplemente a pensar cosas que ni de rebote se parecen a la realidad, porque es imposible creerse que yo sea una millonaria que conduce un BMW 700 cabrio granate metalizado. Que posee una enorme mansión en Los Ángeles, otra en Londres, un apartamento en Nueva York y una cabaña aun no he decidido dónde. Que tiene un yate y una familia de innumerables miembros.
Dónde podría caber todo eso sino en mi linda cabecita.
Sí, la imaginación no tiene límites y viene a rescatarnos en todos esos momentos en los que desearíamos estar en otra parte, metidos en la piel de otras personas. Viene a rescatarnos casi siempre del aburrimiento pero, y ahí va un consejo, nunca le digas a otra persona que te aburres y que no tienes nada que hacer, porque de seguro te dirá algo que deberías haber hecho hace un millón de años: recoge tu cuarto, saca la basura, pasa el aspirador, clasifica los papeles, ayúdame a...
Esa es la cruel existencia humana de los que estamos condenados a amar la vida contemplativa. Siempre alguien en alguna parte estará dispuesto a arruinarte los planes que tenías para no hacer absolutamente nada de provecho.
Si no, observemos la cruel vida de Teresa.
Su imaginación no tiene límites, pero su cuenta corriente hace que la tenga.
Tiene 25 años, un pequeño apartamento en el centro de Madrid y un trabajo de media jornada en una pequeña tienda de alimentación. Como tal, su sueldo no es demasiado desahogado, por lo que para poder salir adelante está siempre dispuesta a realizar cualquier tipo de trabajo que le permita aumentar un poco su capital activo.
Teresa es una amante incondicional de la vida contemplativa, pero no puede dedicarse demasiado a ella si desea sobrevivir. Es por eso que cualquier minuto disponible para ella es oro puro.
Para desgracia suya siempre existirá alguien dispuesto a necesitar de sus servicios. Si su hermana no la necesita para cuidar de su sobrina, su madre la necesitará para acompañarla a resolver unos asuntos o algún amigo la necesitará para algo. Como persona cargada de imaginación, sueña cada noche con aquel que haga de su vida un compendio de vida contemplativa y eterna felicidad.
La vida de Jesús es muy diferente a la de Teresa. De hecho Jesús no conoce a Teresa.
Él pertenece a ese tipo de personas que creen que la imaginación no existe y que cualquier persona que imagine tiene la cabeza llena de pájaros. Forma parte del grupo que disfruta destruyendo los momentos de vida contemplativa de los demás.
Es como la madre de Teresa, como la hermana de Teresa, como los amigos de Teresa. Como todos los que rodean a Teresa y los que me rodean a mí.
Jesús trabaja en una oficina con un estupendo horario de 9 a 2 y un sueldo que le permite llevar un ritmo de vida medio, un ritmo que no lleva porque negocios familiares le hacen ser todo eso que ni Teresa ni yo somos.
Él sí conduce un BMW 500 verde metalizado, lee con gafar Christian Dior, su pluma de confianza en una edición especial de Mont Blanc, se perfuma con Loewe para hombre, su reloj es un Rolex de platino y toda su ropa es de diseño.
El coche de Teresa es un Clío azul regalo de sus padres con bastante sacrificio, sin aire acondicionado, airbag y CD como el de Jesús. Lee con las gafas de oferta de la óptica, su pluma de confianza es una que le regaló su hermana por su cumpleaños hará un par de años, usa el frasco barato de Vanderbilt, su reloj no tiene marca y su ropa está comprada en las rebajas de Enero y agosto.
Jesús es una mezcla de niño pijo yuppie moderno, licenciado en Derecho en una universidad privada con un master empresarial en Estados Unidos y no sé cuantos cursos de no sé que. Por tanto título es muy apreciado en su empresa y tiene un sueldo de la leche.
Teresa es una humilde trabajadora que lucha por terminar su carrera de Derecho en la UNED y que a lo más que llega es a saber un poco de inglés y cuatro nociones de informática.
Ambos son dos personas muy diferentes. Ella pertenece a los amantes de la vida contemplativa. Él a los destrozavidas contemplativas.
Jesús ocupa su tiempo libre en cosas de provecho: lee, ve documentales por la tele y como todo ser normas disfruta con sus amigos en actividades tales como golf, hípica, tenis... las cuales practica en un muy moderno club social que hay a las afueras de Madrid. Osea, cosas solamente observables en los destrozavidas contemplativas.
Teresa ocupa su tiempo en lecturas que hay quien catalogaría de personas poco interesantes y aptas solo y exclusivamente para los amantes de la vida contemplativa, ve en la tele películas y series y disfruta con sus amigos en cualquier tipo de actividad que sirva simplemente para disfrutar con los amigos.
Dos personas totalmente diferentes.
Bien, mi propósito es demostrar la cruel existencia de los amantes de la vida contemplativa cuando se cruza en sus vidas un destrozavidas contemplativas. Así pues, ¿por qué no hacer un experimento? Juntemos a dos personas tan diferentes como Jesús y Teresa.
Analizado lo escrito hasta el momento se puede pensar que el experimento puede tener otro par de aspectos. El primero nos hace pensar en lo que sucedería al juntar a dos seres de dos clases sociales tan diferentes como las de Jesús y Teresa. El segundo nos lleva a analizar lo que puede pasar si entregamos a Teresa todo aquello que desea: un ser que convierta su vida en mezcla de eterna felicidad y vida contemplativa.
Bueno, tenemos conejillos de indias y puntos a estudiar, así que soltémosles y que la naturaleza haga el resto. Gracias a esto, mi tarde será mucho más amena.
Jesús y Teresa van a conocerse y, como no se me ocurre nada interesante, "El turista accidental" me ha dado una pequeña idea.
Jesús, al igual que Macon Leary, tiene un perro. Un mastín español con labrador inglés llamado Golfo, un encanto de animal al que él necesita dejar encargado a alguien este fin de semana que, por negocios, debe dejar Madrid.
Teresa no trabaja adiestrando perros como Muriel Pritchet, pero su amigo Fernando es amigo de Andrés que es amigo que de Jesús. Cuando Jesús le comenta a Andrés lo de su perro, éste queda en contárselo a su amigo Fernando, que le dice que lo siente pero que no puede hacerse cargo del animal. Pero conoce a alguien que seguro que estaría encantado de hacerlo.
Así es como Jesús ha conseguido la dirección de Teresa y por eso se encuentra delante de la puerta del apartamento de Teresa con Golfo y calado hasta los huesos por culpa de la lluvia. La gabardina beige no le ha servido de mucho y el paraguas, menos aun.
Llama a la puerta y se produce el momento cumbre.
Ya está, así de simple. Teresa hace pasar a Jesús y acaricia a Golfo. Conversan amigablemente pero, ¿qué piensan realmente?
"Parece simpática. Espero que sepa cuidar bien de mi perro. El piso no está mal, pero no creo que el animal pueda corretear demasiado por aquí".
"Este tipo parece un niño de mamá. Hay que reconocer que no está nada mal y el perro es un encanto. Apuesto el cuello a que debe gastar más en loción de afeitado en un día que yo en detergente para el lavavajillas en todo un mes. Mira eso, su ropa parece recién salida del armario de Christian Dior".
Cada uno no tiene demasiadas buenas impresiones del otro, lo que puede hacer más difícil el triunfo de mi pequeño experimento.
Jesús piensa que Teresa es demasiado vulgar para él y, tras charlar un poco con ella, la encuentra demasiado imaginativa y muy fantasiosa para su gusto. Nótense puntos uno y dos del experimento.
Teresa por su parte le ve demasiado apegado a la vida real, además de catalogarle como niño de mama. Sin embargo, descubre en él todo aquello que ella busca desesperadamente: un talón de cheques ambulante.
Llevan cinco minutos hablando sobre las costumbres del perro: la hora de la comida, la siesta, tipo de alimentación, cómo y cuándo debe salir a pasear, su aversión por la lluvia... Teresa concluye que Golfo es también un perro malcriado por su amo, pero cada vez le va gustando más la forma de hablar de éste tipo.
Jesús advierte en Teresa una deliciosa forma de escuchar que le obliga, sin saber por qué, a seguir hablando sin parar. Digamos que esa es una cualidad peculiar de ella, le encanta contemplar a los demás mientras hablan. Como ella dice, nadie aprende de lo que dice y sí de lo que escucha.
Veinte minutos. Jesús mira el reloj y descubre que se le está haciendo demasiado tarde. Si no se va enseguida, perderá el avión.
Se despiden cordialmente hasta el domingo por la noche, él abre la puerta y se marcha. Baja los escalones de dos en dos sin pensar en otra cosa que no sea el maldito avión.
Esto no va bien. ¿Cómo van a juntarse dos personas si no existe una pequeña magia desde el primer momento?
Mientras, Teresa en su casa no mejora demasiado lo sucedido. Golfo se ha sentado delante de la tele y reposa sin hacer ruido; y ella se ha puesto a leer "La insoportable levedad del ser". Al menos cuando en este libro Tomás encontró a Teresa surgió algo. Algo que hizo que Teresa dejara su pequeño pueblo para aparecer una noche en casa de Tomás.
Jesús ha aparecido también una noche en casa de Teresa, pero ninguno de los dos parece darle importancia al hecho de haber conocido al otro. Parece ser que ha sido Golfo el único que está encantado de conocer a Teresa, lo cual es muy raro puesto que no suele aceptar a gente nueva a su alrededor.
Vale, Teresa ya está acostada con el perro a los pies de su cama. Está durmiendo y sueña con algo muy extraño. Sueña con el salón de baile del Palacio de Versalles (sabe cual es porque estuvo allí en un viaje en el instituto) y se ve a sí misma con un precioso vestido bailando un vals en brazos de... ¿Jesús? Es extraño pero si, es él.
Bastante más lejos, Jesús está sentado en su sillón de la sección de fumadores de un avión de Iberia.
Él no sueña con un vals en el Palacio de Versalles. Es un destrozavidas contemplativas y, además, ni yo ni ninguno de nuestros conejillos de indias creen que dos personas puedan soñar lo mismo a la vez.
Jesús tan sólo está pensando en el bienestar de su perro y en lo agradable que, en cierto modo, parecía esa chica. Ahora piensa en la soledad de su vida y en las ganas que tiene de encontrar una pareja estable.
Bingo. Comienza a obrarse el milagro. Parece que ambos, inconscientemente, comienzan a darse cuenta de la existencia del otro.
El fin de semana pasa. Es domingo por la noche y Teresa está esperando que venga Jesús. En su mente revolotea aun el extraño sueño de la otra noche y su mente lleva los dos días pensando en mil fantasiosas historias sobre príncipes, palacios, hechizos y bailes. Ello forma parte de su existencia como amante de la vida contemplativa. Lo gracioso del asunto es que ahora el galán de sus sueños ha tomado por fin una forma determinada.
Bien, el primer paso de nuestro experimento comienza a hacerse realidad. Parece ser que Teresa ya no tiene otra cosa en la que pensar que no sea Jesús. Perfecto, sigamos observándola.
Está sentada en el sofá continuando con su lectura de "La insoportable levedad del ser". Lo que no puedo saber es si está verdaderamente leyendo su libro o tan sólo está en guardia esperando la llegada de Jesús. Cualquier mínimo ruido en cualquier parte de la casa hace que sus oídos se agudicen y que abandone la lectura, aunque siga con la mirada fija en el libro. Lo hace para no levantar sospechas, ya que intenta desesperadamente no parecer desesperada ante la desesperante tardanza de Jesús.
Piensa preguntarle si necesita que cuide de su perro algún otro día y puede que, cuando entre, le invite a tomar una copa para charlar un poco mas tranquilamente de lo que lo hicieron la otra vez.
Es desesperante, ya son las diez y él no aparece. ¿Dónde demonios te has metido?
Mientras, Jesús mira desesperado su reloj. Son las diez y cinco y él está en mitad de un atasco en plena M-40 a la salida del aeropuerto. De seguro que no llega. Es demasiado tarde para ir a casa de nadie aunque sea para librar a ese alguien de la presencia de un molesto perro prestado.
Veamos que es lo que se le ocurre. ¡Estupendo! La solución de todo hortera hoy en día. Saca el móvil de la cartera y marca el número de Teresa. ¿Cuántas veces lo ha hecho éste fin de semana? Tantas que ya ha optado por memorizar el número. Lo que queda por descubrir es si lo hizo por preocuparse del perro o simplemente por el mero hecho de escuchar la voz de ella.
Teresa está impaciente, y por si aun no lo he dejado bien claro, desesperada. Realmente lo está desde las cuatro de la tarde y lleva desde las nueve con el libro abierto por la misma página. Son las diez y diez y...
Suena el teléfono. Tal vez sea él.
Se levanta precipitadamente y contesta. Es él.
- Lo siento pero creo que es demasiado tarde. Estoy metido en un atasco de mil demonios, así que... ¿te importa si lo recojo mañana?
- En absoluto - contesta ella desanimada. - ¿Por la mañana o por la tarde?
- Me vendría mejor por la tarde si no es molestia.
- Ninguna. - Parece animarse un poco. Si lo hace por la tarde tal vez puedan salir a tomar algo. Aunque tenga que faltar a clase de derecho penal. - Estaré encantada. La verdad es que le he cogido cariño al perro. Me encantará poder tenerlo un día más.
Y yo me pregunto si le ha cogido cariño al perro o al amo.
Bueno, parece que nuestro pequeño experimento comienza a ir viento en popa.
Jesús se ha pasado todo el tiempo llamándola por teléfono y está deseando recoger al perro. Además, el fin de semana que viene también se va fuera de la ciudad y tal vez ella acepte quedarse otra vez con el animal.
Teresa se ha pasado todo el tiempo pensando en él. O al menos todo el tiempo que él la ha dejado pues, como buen destrozavidas contemplativas la ha estado molestando para preguntar a cada instante por Golfo.
La mañana del lunes va pasando lentamente.
Jesús, en su oficina, escribe nerviosamente en su flamante Pentium 350 esperando que llegue la hora de irse. Ha mandado a su secretaria que anule todos sus compromisos para la tarde y hubiera querido tener la hora de la comida libre para no tardar tanto, pero le ha sido imposible. Y la de hoy es una comida de las pesadas. Lo mismo hasta las seis...
Teresa por su parte trata de despachar lo mejor que puede la leche y los huevos a doña Luisa, las galletas a Laurita y soportar impaciente la decisión de Javi entre el chicle de menta o el de fresa.
El día va pasando lentamente para ambos. Pero... ¿Por qué?
Realmente, ¿pueden haberse enamorado el uno del otro con tan solo haberse visto un momento y haber hablado unas cuantas veces por teléfono? Perdónenme pero yo no puedo estar muy segura de eso aun habiéndolo vivido en carnes propias, ya que yo necesité de toda una tarde, no de diez minutos conversando con el otro frente a frente y, aproximadamente, una hora en total por teléfono.
Desde luego mi profesión no es precisamente la psicología, ya que no entiendo demasiado bien la naturaleza humana aunque gusto muchas veces de sentarme tranquilamente a analizarla. Es este el caso de mi pequeño experimento, un simple análisis de la naturaleza de la relación entre un amante de la vida contemplativa y un destrozavidas contemplativas.
Y por lo que parece el primer paso marcha bastante bien. Ambos parecen importarse bastante...
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